. . Año VI |
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El
Siglo XXI Todos sabemos que oficialmente empezó el primero de enero del año 2000, pero a los hechos el comienzo se ha producido esta semana, más concretamente el 4 de noviembre. Esa noche electoral de los Estados Unidos, que fue seguida con el máximo interés en todo el mundo, ha supuesto la línea del cambio. Con promesas de cambiar se presentó el candidato Barack Obama y ganó. Ganó porque en él y en esa promesa de cambio confiaron blancos y negros, ricos y pobres, viejos y jóvenes, como él dijo en la noche electoral. Estos primeros años que han llevado el dos mil, han sido en realidad la continuación de muchas cosas iniciadas en el mil novecientos. El siglo XX ha sido un siglo prodigioso que trajo grandes calamidades y grandes avances. Entre los primeros, dictaduras tan crueles y cruentas como nunca se había visto, desplazamientos de población y genocidios como ya no parecían posibles, guerras innumerables entre ellas las dos guerras mundiales que fueron las más mortíferas de la historia, enriquecimiento por parte de unos pocos inimaginable para el común de la población. Pero no hay que olvidar que ese siglo, entre muchas otros adelantos vio volar al hombre hasta llegar a la luna, y sobre todo fue el siglo de la liberación de los pueblos y de la liberación de la mujer. No olvidemos que África y Asia cuando se cambió del 1800 al 1900 eran en su mayoría colonias administradas y explotadas por los países europeos y a lo largo del XX se fueron convirtiendo en países soberanos, con muchas lacras, pero independientes. Fue un siglo de grandes sombras y de grandes luces. En lo que llevábamos de los dos mil parecía que lo peor del siglo anterior renacía de las cenizas: guerras en Oriente, aplastamiento de pueblos en el Cáucaso, actos terroristas por doquier... Pero el nuevo siglo se ha retrasado y comienza ahora. Y este siglo deberá ser el de la igualdad. Igualdad entre los países, igualdad entre hombres y mujeres e igualdad de riqueza, porque es la base para la Paz. Es verdad que parece un sueño; también Martín Luther King tuvo un sueño y hoy ese sueño se llama Obama. De Obama esperamos muchas cosas y soñamos con que las pueda cumplir, como él dice “yes, we can”.Para cambiar las cosas hay que creer primero que es posible, por eso es el momento del optimismo, porque no se cambiarán las cosas de las que no nos creemos capaces, porque sólo si las vemos realizables lucharemos por ellas. El siglo ha acabado de la peor manera posible: además de esas dos guerras ( y muchas otras silenciadas ), una crisis económica que amenaza si no se resuelve, en llevarse el mundo por delante, y un deterioro del planeta que por si sólo podría ser el fin de nuestra especie. La tarea del señor presidente de los Estados Unidos de América es inconmensurable: hacer la paz, resolver la economía y limitar el daño medioambiental, de tal manera que se establezca un nuevo orden entre las naciones, más justo; entre los hombres, más solidario; y con el planeta, más sostenible. Soñamos que esos mil doscientos millones de hombres, mujeres y niños que pasan hambre en el mundo vayan disminuyendo; porque sí, podemos. Soñamos que las diferencias de riqueza y de acceso a la salud por parte de muchos otros millones de personas vayan haciéndose menos sangrantes; porque sí, podemos. Soñamos que la paz comience y que veamos gestos hacia Cuba y hacia Jerusalén como ciudad de las tres culturas, judía, cristiana y musulmana ( el orden es sólo por respetar la cronología de su aparición, no de importancia); porque sí, podemos. Soñamos que las resoluciones para
la continuación del Protocolo de Kioto se tomen en consideración
y se respeten. |
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En libertad
//// Se
dice se cuenta //// Con
firma
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