. . Año VI |
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La
crisis y el desempleo Durante años hemos actuado con la peligrosa convicción de que uno de los grandes motores de la economía española era la construcción, en cuyo sector trabajaban directamente varios centenares de miles de personas. En los últimos años muchas de ellas extranjeras. El galopante incremento del desempleo está afectando a este sector más que a ningún otro y aunque es tarde para enmendar errores pasados, estamos a tiempo de evitar equivocaciones futuras y yo creo que analizar algunos de los rasgos y características del desempleo es conveniente. Así, sabemos que una de las causas por las que la tasa de desempleo continuó tan elevada en los últimos años, era por la forma en que se había gestado. Bolsas de paro territorializadas y bolsas de paro sectorializadas, como las procedentes de las reconversiones industriales. Solo eso explica que coexistieran ingentes cantidades de parados españoles, con millones de inmigrantes colocados, pues todos los extranjeros, varios millones, encontraron trabajo sin ningún tipo de dificultades. El hecho de que los españoles no encontraran trabajo pero sí los extranjeros, digo yo que tendrá algún significado. Hago la afirmación anterior sin necesidad de entrar en otros aspectos, como ha podido ser una determinada cultura de la subvención, con la que no nos engañemos, se acuesta felizmente una elevada proporción de nuestros desempleados, procedentes tanto de las bolsas citadas, cuanto del entorno del botellón, por ampliar el espectro, con expresión de sentido figurado. Las cifras que ha venido manejando la prensa económica del peso de la construcción en nuestro PIB, lo estima en torno al 18/19%, valorándolo en un +/- 5-6% de lo que hubiera sido deseable. Leída así la cifra, aparentemente no es escandalosa, pero bien analizada a mi se me antoja terrorífica, porque un 6% más en el peso del PIB significa que el 50% de la construcción sobraba. Solo así podemos entender en su justa medida afirmaciones como esas de que en España se construía tanto como en el resto de la UE o que hay 600.000 viviendas sin vender, o tantas otras con las que no voy a aburrir. Y en ese escenario, tenemos que plantearnos la forma en que saldremos de la crisis. Es difícil creer que volvamos a la misma situación anterior. Por más que la actividad de la construcción esté absolutamente liberalizada, es difícil creer que la situación vuelva a ser la misma, pues digerir esta crisis, la nuestra, acumulada a la importada, va a ser lo suficientemente dolorosa como para arriesgarnos a volver a las andadas. Y llegados a este punto, no está de más recordar que gran parte del problema procede de nuestro esqueleto constitucional. En efecto la descentralización administrativa y el estado autonómico, han vaciado a los poderes centrales mucha de su capacidad para regular el suelo. Las leyes del suelo publicadas por los distintos gobiernos, han sido siempre recurridas por inconstitucionalidad, por no respetar competencias municipales y autonómicas, lo que ha llevado a que hayan sido las entidades locales las encargadas de recalificar y planificar el suelo, con ese pintoresco modelo que ha dado lugar a situaciones como la Seseña de Paco el Pocero, o la Marbella de Gil, por poner ejemplos conocidos por todos, en los que la fiscalía anticorrupción no tiene una hora de descanso. Pero volviendo al problema del desempleo, puesto que no es razonable que vuelva a haber una tasas de ocupación en el sector de la construcción, como hubo en el pasado, bueno será que los poderes públicos y los agentes sociales, empiecen a pensar en la reconversión de los parados, facilitando la vuelta a sus países a los extranjeros en la medida de lo posible, sobre todo cuando no tengan arraigo familiar o social, y recapacitando a los que se pueda de los autóctonos, para facilitarles su incorporación a otras actividades. Eso, si no queremos encontrarnos con una descomunal bolsa de desempleo en los próximos años, que nos sería absolutamente imposible de digerir. Y aunque lo escribo, no soy optimista. Mucho me temo que autoridades y agentes sociales se dediquen a repetir consignas y fórmulas de catecismo. De palabras huecas y sobadas que no contribuyan en nada a resolver el problema. Y me permito nombrar lo innombrable. Durante los mayores años de desempleo, en los lustros pasados, hubo una elevada tasa de temporalidad en el empleo, siempre criticada, pero permitió a varios millones de españoles turnarse en el trabajo y en la prestación de desempleo. Permitió el reparto del trabajo, aunque fuera a turnos y la rotación evitó la formación de bolsas de parados fijos. Reconozco que entre lo malo, no se cual es lo peor. jaracebo@hotmail.com |
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En libertad
//// Se
dice se cuenta //// Con
firma
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