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Deporte urbano
Jesús
GÓMEZ CIMIANO
Hoy en las ciudades, numerosas personas ocupan plazas, calles, parques, montañas, túneles, mar, puertos... para realizar un amplio abanico de actividades físicas que denominamos genéricamente deporte.
Esta tendencia a utilizar espacio público para la práctica deportiva, se manifiesta en la encuesta de hábitos deportivos del CSD, que cifra en el año 2005 un 43% de participantes. Es decir, casi uno de cada dos deportistas utiliza lo que genéricamente denominamos la calle.
Este tipo de actividades generan una serie de redes, de relaciones, una retícula, que va desde los caminantes por un paseo marítimo a los roller en cualquiera de sus múltiples facetas.
La importancia de estos deportes practicados en el espacio público, viene dada, porque facilitan y promueven relaciones, conexiones, intercambios con un marcado tinte social, quedando para otro espacio, el resultado competitivo.
En la calle, se dan los dos tipos de redes, una, la red que podemos llamar posmoderna, con deportes de riesgo, de aventura, espectaculares, promovidos en gran parte, por firmas y marcas transnacionales. Tiene esta red, un marcado carácter individual y de relaciones más efímeras entre sus practicantes.
La otra es la más usual, basada en relaciones más duraderas, con deportes más tradicionales y ancestrales.
Al trabajo vecinal y a sus entidades se debe la primera etapa del “derecho a la ciudad”, y aunque todavía en muchos casos debe seguir reivindicando servicios de vivienda, transporte, espacios verdes… empiezan a emerger nuevas formas del derecho a la ciudad a través de ONG´s, asociaciones como “carril bici ya” incluso “ecologistas urbanos”.
En el caso de Santander, es preciso seguir insistiendo en la primera etapa, pues se sigue primando a las redes sociales privadas.
Un estudio realizado en la ciudad de Barcelona (Puig- Magrinyá 2008), observa que las redes de practicantes, formalizan su actuación a través de sus distritos y se articula con la institución municipal, con su ayuntamiento en definitiva, en un 71% de los casos. Este porcentaje se divide en un 50% si es directamente planificado institucionalmente y en un 21% cuando, la red deportiva acuerda con su ayuntamiento. El resto podríamos decir que va a su bola.
No cabe duda, que también existen conflictos tanto de uso como de ocupación de los espacios y cuasi privatización, conflictos que también existen en cualquier otro tipo de relaciones sociales.
En este sentido no se puede estigmatizar al deporte urbano como generador de conflictos, es labor institucional que el espacio público sea un lugar de encuentro, cultural, festivo, de paseo y deportivo. El diseño debe ser participativo, pues de lo contrario los deportistas urbanos no verán esos espacios como suyos por muy de diseño y monos que se les presenten.
Santander como ciudad culta que pretende ser, debe adaptarse y promover esta clase de espacios. Lugares en desuso, túneles abandonados y cerrados, instalaciones playeras, pistas deportivas infrautilizadas, etc. Espacios que podrían volver a ser tomados por sus vecinos.
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