. . Año VI

La Gran Mentira
Juan Manuel RUIZ GUTIÉRREZ

Los seres humanos nos guiamos en gran medida por “sensaciones” durante gran parte de nuestras vidas, por lo tanto, este artículo es un sentimiento que os quiero transmitir, porque tengo la sensación que vivimos supeditados a una gran mentira llena de hipocresía, avaricia y egoísmo, donde el objetivo final se basa en tener más y más poder económico, un poder que es admirado por el resto del mundo, el cual no tiene nada que ver con la realidad actual.

En cierta forma, el mundo se estructura en diferentes niveles sociales, donde nos encontramos desde las clases más pobres y los países subdesarrollados, pasando por la clase media u obrera y los países desarrollados, terminando por las clases más ricas y las grandes potencias mundiales, quienes son los que gestionan los intereses capitalistas de todo el mundo. Esto no significa que en los países ricos no existan las clases más pobres o viceversa, ya que en todos los países están en mayor o menor medida representadas las diferentes clases.

La clase pobre, y con ella los países subdesarrollados, se extiende por todo el mundo sin hacer prácticamente ruido, debido a que a las clases más pudientes no les interesa afrontar uno de lo grandes problemas mundiales: “la pobreza social” y todo lo que representa, como son las enfermedades, desnutrición, analfabetismo,… Pero es realmente triste que “quienes” tienen la posibilidad de solucionar el problema, o por lo menos disminuirlo en gran medida, son los mismos que a los que les interesa que estos países estén totalmente sumisos y dependientes, sin capacidad de autofinanciación a pesar de que podrían nutrirse de sus propias riquezas naturales, donde la mano de obra abunda. Por lo tanto, no interesa que se asienten unos mínimos principios basados en el respeto por el prójimo, o en la educación obligatoria, o en el autoabastecimiento, invirtiendo en las infraestructuras mínimas para hacer posible un desarrollo social sostenible.

Siento una autentica impotencia cuando escucho decir en las noticias “que los más pobres están pasando en situación precaria la actual crisis mundial”; personas que no tenían para comer antes de la crisis y cuya deuda mundial supera los millones de euros, como resultado de la mal gestión de sus “Dueños”. ¿Cómo les puede pasar tanta factura la crisis a una clase que no tiene nada? La explicación la tenemos en la dependencia que tienen respecto a las clases poderosas. Que contradicción, porque alabamos a los países ricos porque ofrecen su ayuda incondicional, pero realmente no es una ayuda real…La pregunta sería, ¿No es mejor enseñarles a pescar que darles los peces? La respuesta es obvia, “NO”, a ver si van a ser los suficientemente inteligentes como para autoabastecerse y truncar el negocio al resto de las clases pudientes. ¿Hipocresía? ¿Frialdad ante las miles de muertes?

La clase media – obrera, debe ser quien aporte la mano de obra en los países desarrollados. El “ideal” de esta clase sería terminar el colegio, ir a la universidad, terminar con buena nota la carrera en la Universidad, hacer unas prácticas (porque sin experiencia es muy difícil que una empresa nos contrate, ya que pocas empresas tiene un plan de integración de becarios a la vida laboral para que cuando se acabe el contrato de práctica pase a formar parte de la plantilla), encontrar un trabajo estable, el cual nos dará la estabilidad económica necesaria hasta la jubilación, y paralelamente encontrar una paraje estable con la que nos casaremos, tendremos un par hijos, a ser posible la parejita, y todo rodeado en una ambiente de libertad y prosperidad. Bien, cuando vienen turbulencias fuertes como, por ejemplo, sube el paro, reducción en partidas sociales, empresas cierran, sube el euribor, privatización de la educación, inmigración,… ésta es la clase que más expuesta está a todos estos cambios, al ser la más abundante y cuyo rango de posibilidades personales es mayor. Por ejemplo, antes “” les concedían una hipoteca sin muchos apuros, pero ahora tienes que convencer al Banco que en realidad no necesitas ese préstamo; pues imaginarás entonces que la clase pobre ni antes ni ahora podrán tener un crédito, por no decir los miles de inmigrantes que vienen a España a labrarse un futuro mejor.

La inmigración, una realidad a la que miramos con gran recelo, sin pensar que son seres humanos necesitados de una vida mejor, donde sólo vemos rivalidad, competencia, mano de obra barata, … Recuerdo que cuando llegué a un hotel de la capital de España debido al entrenamiento que debía de realizar con el equipo de fútbol R. Madrid, me encontré a una persona de color bastante delgada procedente del continente africano, concretamente de Camerún; una persona que tenía los ojos brillantes rebosantes de sueños, sueños puestos en un país desarrollado, un futuro que probablemente no tendría en su país natal. Hoy en día aquella persona quien mostraba sus sueños en aquellos ojos, es la misma persona que ha cumplido gran parte de sus sueños en nuestro país, por lo menos uno: “ser futbolista”. Porque aquel ser humano es el actual delantero camerunés del F.C. Barcelona, quien es venerado por los hinchas del Barca, una persona de color, que emigró a España con un sueño, el mismo sueño que tienen los cientos de personas que cada día arriesgan su vida para pasar el estrecho en un trozo de madera. Personas que aun no teniendo la misma suerte, debemos de mirarles con respeto, como hicieron con nosotros países como México o Venezuela en la Guerra Civil Española, ya que hoy en día vemos la inmigración como un problema más que una solución que afecta a miles de seres humanos, porque tenemos miedo a que nuestra “gran vida” se vea alterada por una realidad que miramos con el rabillo del ojo. Rápidamente cambiamos de canal o, lo que es más grave, nos volvemos radicales hacia este flujo inmigratorio. ¿Nos hemos vuelto cómodos e insensibles al vivir en nuestra “propia” realidad?

Y por último, los poderosos. Las grandes superpotencias, quienes gestionan los intereses económicos del resto del mundo, los que dan y quitan cuando les interesa, donde no hay cabida a sentimientos y situaciones personales. Una autentica apisonadora que pasa por encima de todo aquello que se cruza en el camino y, por qué no decirlo, una clase “imprescindible” en el actual modelo de crecimiento y “prosperidad”. Alguien se puede hacer imprescindible en el trabajo, bien porque tiene las llaves de las cerraduras… o bien por su conocimiento y su capacidad intelectual; creo que los países poderosos son necesarios por el primer caso, y no por el segundo desgraciadamente. Es intolerable ver países inmersos en la más autentica miseria donde sus dirigentes se hacen ricos y poderosos, un poder basado en el dinero a costa de todo un pueblo que sufre una y otra vez las barbaries de los adinerados, con el agravante de las guerras generadas con el fin de utilizar su material bélico, un material comprado a otras superpotencias, el cual debe ser utilizado para comprar más, porque si no este mercado se satura, situación que no interesa. ¿Es mejor entrar en guerra que intentar dar salida a los problemas sociales de los más desfavorecidos? Desgraciadamente la respuesta es muy sencilla, interesa seguir generando riqueza basándose en el petróleo o en las armas antes que mediar para facilitar a la gente más pobre un futuro próspero, porque así la balanza está equilibrada por ambos polos, unos muy pobres y otros muy ricos. Creo sinceramente que la balanza se debe de equilibrar desde la igualdad social, y no al contrario.

Actualmente estamos inmersos en una “gran crisis financiera” generada por los mismos que tienen la “solución a dicha crisis”, pero por el camino estamos viendo una reestructuración de empresas, bancos, leyes, etc. Una reestructuración mundial necesaria debido a que el “sistema capitalista” se está ahogando así mismo con tanta burbuja inmobiliaria, créditos basuras o “suprime”, mercados totalmente colapsados, etc. Los momentos de “crisis” son necesarios para un sistema capitalista ya que, como bien dice la historia, los momentos de gran convulsión y nerviosismo son los más adecuados para conseguir enormes beneficios quienes tengan la capacidad económica, es decir, los más ricos. ¿Siempre los ricos se llevan el gato al agua? Muchos son los que se han creado imperios después de un “crack económico” como Michel Marcus, quien compro 200.000 onzas de oro en 1979 antes de la invasión de la URSS a Afganistán, subiendo en la misma sesión 10 dólares más por onza. Algo parecido están haciendo Gobiernos como EEUU, que inyecta 186.000 millones de euros en el capital de varios bancos con el objetivo garantizar los créditos interbancarios con un límite prefijado, donde una parte de la inyección será para comprar acciones de bancos en problemas, acciones cuyo valor en el mercado está actualmente en decadencia, pero que en un futuro no muy lejano será un valor en alza. El resultado de la inversión será una alta rentabilidad, pero de cara a la opinión pública será una acción generosa y eficaz en una situación de “crisis”.

El sistema capitalista se basa en ciclos, algunos más agudos que otros, aunque esta última crisis puede ser el inicio del fin del capitalismo tal y como lo concebimos actualmente, entendido como un sistema económico en el que predomina el capital sobre el trabajo como elemento de producción y creador de riqueza, siendo la propiedad privada el eje fundamental, primando el interés propio como motivación sobre el interés colectivo, principios que según los últimos acontecimientos plantean una cierta incertidumbre. ¿Será este el momento de afrontar de manera multilateral un cambio del modelo? Si nos sumergimos en la historia de los diferentes sistemas productivo – económicos, empezando por el sistema esclavista, donde no tenían ningún tipo de derechos, pasando por el feudalismo, donde se incrementaron esos derechos llamándoles “fueros”, y llegando al capitalismo liberal, donde todavía existe una clara diferenciación de clases, pero vemos que el camino que nos muestra es “claro” teniendo como denominador común el recorte de las diferencias entre clases, por consiguiente el aumento de derechos sociales, es evidente que tendemos hacia el “Socialismo”. Tendremos que estar preparados para saber “QUÉ” socialismo queremos.

Pero como bien dice el escritor Carlos Blanco Escola debemos de pensar que hay y habrá un episodio más de la rebelión de los privilegiados que de forma sistemática se oponen a todo cambio profundo en las estructuras sociales. Creo que define muy bien la actual situación, donde para hacer grandes cambios estructurales, ya sea en el ámbito económico o social, se debe de generar una corriente social capaz de involucrase y sentir la necesidad por la cual atravesamos, una necesidad de cambio, pero para esto debemos de valientes y dar un paso al frente, porque en muchas ocasiones pecamos de exceso de miedo.

Siempre he creído que los cambio con sentido común y con el mayor consenso de la población son posibles, un consenso que no se adquiere de la noche a la mañana sino que se debe de fraguar con mucha delicadeza y constancia, desde la confianza que transmitimos cuando nos creemos lo que hacemos, confianza en un futuro donde tenemos que luchar día a día para hacer de ese futuro un futuro lleno de esperanza para todos, pensando en los más necesitados, pero sin desestabilizar la balanza.

Muchos dicen “no merece la pensa ni intentarlo”, yo digo que “siempre merece la pena intentarlo”, sino preguntad a Barack Obama, una persona que se desplazó hasta Chicago en 1985, donde encabezó un grupo que formaba parte de la iglesia donde trabajaba para mejorar las condiciones de vida en los barrios afectados por el crimen y el desempleo, con la única intención del cambio “yes, we can”. Ser el primer presidente afroamericano no es ninguna casualidad, es fruto de mucho trabajo y sacrificio, primando el interés colectivo al interés personal, como demuestran los millones de votos que ha cosechado.

Después de estas reflexiones, me pregunto ¿Estamos inmersos en una Gran Mentira económica? ¿Será el momento del “Gran Cambio”?

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