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Un
comercio justo y transformador
Rafael GOSENJE
ROUCO
El
Comercio Justo, el Consumo Responsable y las Finanzas Eticas,
prácticas que promueven el desarrollo y que apuestan por
la sensibilización e implicación de la ciudadanía
en las relaciones entre los países del Norte (desarrollados)
y del Sur (países en vías de desarrollo), forman
parte del proyecto Una economía para el desarrollo, realizado
por ACSUR, en colaboración
con varias organizaciones y redes con experiencia en las temáticas
que se abordan, dirigido a profundizar y difundir estas acciones,
cuando el actual modelo basado en el crecimiento sin límites,
en el beneficio desmesurado y en una economía especulativa
se encuentra en una grave situación de crisis que nos afecta
a todos y todas.
El comercio justo, o intercambio económico
basado en una relación justa, es un aspecto de la actividad
económica que concierne, tanto a los trabajadores(as) implicados(as)
en las distintas fases de la cadena de producción y comercialización
(a quiénes producen, embalan, transportan, prestan servicios,
comercian, etc.) como a los clientes consumidores del producto
y/o servicio.
El Comercio Justo tiene, por tanto, un doble objetivo:
1. Crear actores críticos
en toda la cadena económica.
2. Desarrollar espacios de prácticas alternativas que se
articulen en redes locales y globales, que favorezcan las condiciones
para amplias movilizaciones sociales.
Por tanto, no se trata de esperar, de nuevo, a
una etapa de crecimiento cuantitativo para transferir más
recursos a los países en desarrollo, sino de cambiar los
ámbitos y los hábitos de producción, el comercio
y el consumo.
Intentar que los productores de los países
en desarrollo vivan dignamente es muy importante, pero este hecho
no debe ocultar la precariedad de las personas, en su mayoría
inmigrantes, que trabajan en los invernaderos de Almería
o la fresa de Huelva.
La equidad en las transacciones comerciales consiste
en darle una remuneración equitativa a quién produce,
quienquiera que sea y donde quiera que esté, a los asalariados(as)
si se trata de una empresa y a los(as) intermediarios(as) indispensables.
Como comercio justo y transformador se debe entender
unas relaciones equitativas globales que proponen una solución
alternativa y nos incitan a cada uno(a) de nosotros(as) a reflexionar
sobre los actos de compra y sobre la sociedad en la que queremos
vivir.
El Comercio Justo no pretende crear un sistema
paralelo de comercio, sino transformar el comercio existente hacia
unas prácticas más justas, que tengan en cuenta
la persona y el medioambiente compatibles con un beneficio económico
sostenible.
Queremos traer a colación el sector de la
producción de algodón y la industria textil, como
ejemplo del sistema comercial dominante al menos hasta la actualidad,
ya que este sector da trabajo a más de cien millones de
personas campesinas y procesadoras de algodón y a más
de dos millones de personas –la mayoría mujeres-
en la industria del vestido, por lo que adquiere especial relevancia,
como motor de crecimiento económico en los países
industrializados, y un enorme impacto social y ambiental.
Los sectores del algodón y manufacturado
textil se caracterizan por importantes problemas laborales, comprometiendo
la salud y la seguridad de las personas trabajadoras y violando,
sistemáticamente, las normas del trabajo, tanto local como
internacionalmente.
Estos problemas afectan a las comunidades productoras
de algodón, a las personas que trabajan en la industria
textil, al poderoso sector de las grandes marcas de ropa y, como
no, a consumidores(as) que fomentamos y consolidamos este modelo
de relaciones a lo largo del tiempo. Todo ello agravado por las
políticas que han venido favoreciendo las desigualdades
y el injusto reparto de la riqueza entre el Norte y el Sur.
La sobreproducción de algodón en
el mundo, acompañada de la política de subsidios
a la exportación de los Estados Unidos y la Unión
Europea, han causado una fuerte crisis de los precios, que han
obligado a los países productores del Sur a reducir sus
precios a “toda costa”
con el fín de mantener un cierto nivel de competitividad.
Competitividad que ha llevado a la industria textil
y de la confección, a la deslocalización de sus
actividades, buscando países con mayor permisividad laboral
y medioambiental. Las grandes empresas y marcas del sector ejercen
una enorme influencia permitiéndose imponer condiciones
cada vez más desfavorables para los(as) trabajadores(as)
del Sur.
Estacionalidad e inseguridad en el trabajo, largas
jornadas laborales, explotación infantil, salarios bajo
el mínimo y graves problemas para la salud de agricultores,
son algunos de los problemas permanentemente denunciados en gran
parte de los cultivos convencionales de algodón y en las
fábricas –las conocidas maquilas- de la manufactura
del algodón.
Esta situación de precariedad laboral y
violación sistemática de derechos humanos afecta
hasta el 80% de los(as) trabajadores(as) de la industria del vestido
que producen ropa y complementos para las grandes cadenas multinacionales.
La obsesión por el aumento de la productividad,
promovida por los intereses de las grandes multinacionales de
la manipulación genética, ha fomentado el monocultivo
y el cultivo transgénico de algodón; una producción
que atenta contra el medio ambiente y la biodiversidad, convirtiendo
a nuestro ecosistema en un medio altamente vulnerable.
El uso desmedido del agua, el abuso de pesticidas
y herbicidas en los cultivos convencionales, a lo que se añade
el empleo de sustancias tóxicas para el tinte y blanqueo
en las fábricas de manufactura, son factores altamente
peligrosos para nuestro entorno y nuestra salud vivamos donde
vivamos.
Rafael Gosenje Rouco
Asociación para la Cooperación con el Sur de Cantabria
ACSUR-Cantabria |